Una niña cubierta de barro entró sola en el restaurante más temido de la ciudad… y una sola frase hizo que decenas de motociclistas quedaran en silencio

El rugido de las motocicletas podía escucharse incluso desde varias calles de distancia.

Era viernes por la noche.

Y el viejo restaurante Black Road estaba lleno.

Como siempre.

El lugar era famoso por una razón muy particular.

No por su comida.

No por su decoración.

Ni por su ubicación.

Era famoso porque allí se reunían los motociclistas más temidos de toda la ciudad.

Hombres enormes.

Cubiertos de tatuajes.

Chaquetas de cuero.

Cicatrices.

Barbas descuidadas.

Y reputaciones capaces de vaciar una calle entera con solo aparecer.

La música sonaba fuerte.

Las risas llenaban el local.

Y nadie esperaba que aquella noche terminara convirtiéndose en una historia que recordarían durante años.

Todo comenzó cuando las puertas del restaurante se abrieron lentamente.

Algunos clientes apenas prestaron atención.

Pero otros sí.

Porque quien acababa de entrar no parecía pertenecer a aquel lugar.

Ni remotamente.

Era una niña.

Tendría unos ocho años.

Estaba cubierta de barro.

La ropa rota.

Los zapatos desaparecidos.

Y el cabello desordenado caía sobre sus hombros.

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