La Acusaron de Ser la Amante en el Funeral de un Multimillonario, Pero Cuando el Testamento Reveló que Era su Única Hija y Cayó una Botella del Bolso de la Viuda, un Oscuro Secreto Destruyó a Toda la Familia


La lluvia caía lentamente sobre el antiguo cementerio de la ciudad.

Decenas de automóviles de lujo permanecían estacionados frente al mausoleo familiar de los Montenegro.

Empresarios.

Políticos.

Celebridades.

Todos habían acudido para despedir a Alberto Montenegro, uno de los hombres más ricos e influyentes del país.

El ambiente estaba cargado de tristeza.

O, al menos, eso parecía.

En primera fila permanecía Verónica.

La viuda.

Vestida completamente de negro.

Lloraba apoyada sobre el hombro de sus hijos.

A pocos metros de ella, una joven observaba el ataúd en silencio.

Vestía un sencillo vestido oscuro.

No llevaba joyas.

Ni maquillaje llamativo.

Solo sostenía un pequeño ramo de lirios blancos.

Su nombre era Sofía.

Nadie parecía conocerla.

Los murmullos comenzaron de inmediato.

—¿Quién es esa mujer?

—Nunca la había visto.

—Debe ser una de sus amantes.

Las miradas se dirigieron hacia ella.

Verónica escuchó los comentarios.

Y sonrió discretamente.

Aquella oportunidad era perfecta.

Caminó lentamente hasta colocarse frente a Sofía.

—Qué descaro.

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