Su Suegra Cortó la Cuerda del Globo con una Embarazada Dentro, Pero Cuando Daniel Subió para Salvarla, la Última Cuerda Empezó a Romperse

El festival de globos aerostáticos llenaba el valle de colores.

Decenas de enormes globos flotaban sobre la pradera mientras las familias tomaban fotografías y los altavoces anunciaban el inicio de la exhibición principal.

En medio de la multitud estaba Valeria.

Tenía ocho meses de embarazo.

Una mano descansaba sobre su vientre mientras observaba un gran globo rojo preparado junto al borde del campo.

Teresa, su suegra, se acercó con una sonrisa que parecía amable.

—Daniel te está esperando arriba —dijo—. Quiere darte una sorpresa antes de que nazca el bebé.

Valeria miró la cesta.

—No creo que sea seguro. El médico me pidió evitar las alturas.

—El globo no despegará —respondió Teresa—. Solo subirás para una fotografía.

Valeria dudó.

Pero Daniel llevaba varios minutos sin responder a sus llamadas.

Pensó que quizá Teresa decía la verdad.

Subió lentamente a la cesta.

Dentro no había nadie.

—¿Dónde está Daniel?

Teresa no contestó.

Cerró la pequeña puerta de la cesta desde fuera y aseguró el pestillo con una cadena.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Qué está haciendo?

Su suegra caminó hasta la gruesa cuerda que mantenía el globo sujeto a tierra.

Sacó un cuchillo de su bolso.

Valeria abrió los ojos con horror.

—¡No!

Teresa comenzó a cortar.

—Cuando encuentren los restos, creerán que el globo se soltó durante el festival.

Valeria golpeó la puerta de la cesta.

—¡Estoy embarazada!

Teresa terminó de cortar la cuerda.

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