El novio golpeó a un anciano creyendo que era un jardinero… pero cuando los guardias se arrodillaron frente a él, la boda quedó destruida

El Palacio de Saint Victoria brillaba bajo miles de luces doradas.

Los enormes vitrales reflejaban colores sobre el mármol blanco mientras una orquesta interpretaba música solemne frente a cientos de invitados vestidos con joyas, medallas y trajes imposibles de ignorar.

Era la boda más importante del año.

Ministros.

Empresarios.

Miembros de familias reales.

Todos estaban allí.

Las cámaras transmitían el evento para todo el país.

Y en el centro de aquella perfección cuidadosamente construida…

Estaba el novio.

Sebastián Laurent.

Joven.

Apuesto.

Arrogante.

Convencido de que el mundo existía únicamente para admirarlo.

Vestido con un uniforme ceremonial cubierto de insignias doradas, caminaba por el pasillo principal recibiendo sonrisas y felicitaciones.

A pocos metros del altar, un anciano acomodaba cuidadosamente unas rosas blancas caídas cerca de la alfombra central.

Cabello completamente gris.

Ropa sencilla.

Guantes gastados.

Y una expresión tranquila.

Parecía un simple jardinero.

Al menos eso pensó Sebastián.

El anciano terminó de recoger una rosa y comenzó a levantarse lentamente.

Pero ocupó apenas unos segundos más de lo que el novio consideró aceptable.

Y aquello fue suficiente.

Sebastián frunció el ceño.

Molesto.

—¿Qué haces todavía aquí?

Read More

Add a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *