Humilló a una empleada de limpieza delante de todo el hotel… sin saber que era la mujer que él nunca dejó de buscar

El vestíbulo del Hotel Imperial brillaba como una joya.

Mármol blanco.

Columnas doradas.

Arañas de cristal suspendidas a varios metros de altura.

Empresarios.

Celebridades.

Diplomáticos.

Todos cruzaban aquel lugar cada día.

Era uno de los hoteles más exclusivos del país.

Y también el orgullo de Alejandro Romano.

Propietario.

Director.

Y uno de los hombres más influyentes de la ciudad.

Aquella tarde regresaba después de tres semanas de viaje.

Reuniones.

Contratos.

Negocios internacionales.

Estaba agotado.

Solo quería llegar a su suite y descansar.

Atravesó las puertas giratorias acompañado por dos asistentes.

Llevaba un elegante abrigo oscuro.

Un maletín de cuero.

Y la expresión cansada de alguien acostumbrado a cargar demasiadas responsabilidades.

Todo parecía normal.

Hasta que la vio.

Al otro lado del vestíbulo.

Empujando discretamente un carrito de limpieza.

Cabello recogido.

Uniforme sencillo.

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