**Buscaron al Niño Desaparecido Durante Días Sin Encontrar Ninguna Pista, Pero Cuando Extraños Golpes Comenzaron a Escucharse Debajo de la Mansión, una Verdad Aterradora Salió a la Luz y Cambió Todo**

La tormenta llevaba cuatro días castigando la ciudad.

La lluvia caía sin descanso.

Los ríos se habían desbordado.

Las calles permanecían casi vacías.

Y en cada noticiero aparecía la misma fotografía.

La de Tomás.

Un niño de nueve años que había desaparecido sin dejar rastro.

La noticia había conmocionado a toda la región.

Equipos de rescate recorrían bosques.

Helicópteros sobrevolaban las montañas.

Perros rastreadores seguían pistas que terminaban desapareciendo bajo el agua y el barro.

Pero no encontraban nada.

Absolutamente nada.

Mientras tanto, Alejandro Vega apenas podía mantenerse en pie.

Llevaba cuatro días sin dormir.

Cuatro días buscando a su hijo.

Cuatro días aferrándose a una esperanza cada vez más pequeña.

Los investigadores le repetían lo mismo.

—Seguimos trabajando.

—No nos rendiremos.

—Aún hay posibilidades.

Pero Alejandro podía ver la preocupación en sus rostros.

La situación era desesperada.

Tomás había desaparecido durante una tormenta histórica.

Y cada hora que pasaba reducía las probabilidades de encontrarlo.

Aquella noche, agotado y destruido emocionalmente, regresó a la vieja mansión familiar.

Una enorme propiedad heredada de sus abuelos.

Antigua.

Oscura.

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