Una niña aterrorizada corrió hacia un motociclista desconocido… y el nombre de su madre hizo que su mundo se derrumbara

La lluvia golpeaba las ventanas del viejo restaurante de carretera.

El letrero de neón parpadeaba sobre la autopista casi vacía.

Dentro, el aroma a café caliente y carne asada llenaba el ambiente.

Los camioneros cenaban en silencio.

Algunos viajeros descansaban antes de continuar el camino.

Y en una mesa apartada junto a la ventana se encontraba Marcus Kane.

Un hombre que resultaba imposible ignorar.

Alto.

Espalda ancha.

Brazos cubiertos de tatuajes.

Barba oscura.

Y una vieja chaqueta de cuero negro con una insignia de lobo plateado cosida en la espalda.

La mayoría de las personas preferían no mirarlo demasiado.

Porque Marcus tenía el aspecto de alguien que había vivido demasiadas guerras.

Y probablemente las había ganado todas.

Aquella noche solo quería cenar tranquilo.

Nada más.

Terminó su café.

Tomó un trozo de pastel.

Y observó la lluvia caer al otro lado del cristal.

Hasta que la puerta del restaurante se abrió violentamente.

El sonido hizo que varias personas levantaran la vista.

Una niña entró corriendo.

Descalza.

Empapada.

Cubierta de barro.

Y con una expresión de terror tan real que inmediatamente cambió el ambiente.

Parecía tener unos nueve años.

Quizá diez.

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