Todos pensaban que la amante controlaba la mansión… hasta que empujó a la esposa embarazada a la piscina delante de todos

La Mansión Lancaster era el lugar perfecto para aparentar felicidad.

Desde el exterior parecía un paraíso.

Jardines impecables.

Fuentes de mármol.

Árboles decorados con miles de luces.

Y una enorme piscina azul que reflejaba el cielo como un espejo.

Aquella tarde, decenas de invitados caminaban entre mesas decoradas con flores blancas.

Empresarios.

Familiares.

Amigos cercanos.

Todos habían sido invitados a una celebración organizada por la familia Lancaster.

La música sonaba suavemente.

Las copas brillaban bajo el sol.

Y las sonrisas parecían llenar cada rincón del jardín.

Pero detrás de aquella imagen perfecta existía una realidad muy diferente.

Una realidad que llevaba meses destruyendo a una familia.

Olivia Lancaster caminaba lentamente junto a la piscina.

Una mano descansaba sobre su vientre.

Tenía siete meses de embarazo.

Cada paso era más lento que antes.

Más pesado.

Más difícil.

Pero aun así intentaba sonreír.

Porque estaba acostumbrada.

Acostumbrada a fingir que todo estaba bien.

Acostumbrada a soportar en silencio.

Acostumbrada a no causar problemas.

Sin embargo, aquella tarde sentía algo extraño.

Una inquietud imposible de ignorar.

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