Todos en la azotea pensaban que aquel hombre en silla de ruedas estaba a punto de perderlo todo… hasta que un secreto escondido entre rosas cambió la noche para siempre

La azotea del Hotel Imperial brillaba bajo las luces de la ciudad.

A más de cincuenta pisos de altura, el lugar parecía suspendido entre las estrellas y los rascacielos.

La música sonaba suavemente.

Las mesas estaban decoradas con velas blancas.

Y cientos de invitados observaban con expectativa el evento más comentado de la temporada.

Todos sabían lo que iba a ocurrir.

O al menos eso creían.

Porque aquella noche Alexander Reed había decidido hacer una propuesta de matrimonio.

Y toda la ciudad estaba pendiente de la respuesta.

Alexander tenía treinta y cinco años.

Inteligente.

Elegante.

Y admirado por muchos.

Pero también cargaba con una historia que todos conocían.

Tres años atrás, un accidente automovilístico había cambiado su vida para siempre.

Desde entonces utilizaba una silla de ruedas.

Y aunque había reconstruido gran parte de su vida, muchos seguían viéndolo únicamente a través de aquella tragedia.

Especialmente Olivia.

La mujer que estaba frente a él aquella noche.

Hermosa.

Ambiciosa.

Y completamente enamorada del estilo de vida que Alexander podía ofrecerle.

O al menos eso era lo que todos pensaban.

Alexander sostenía un enorme ramo de rosas blancas.

Sus manos temblaban ligeramente.

No por miedo.

Sino por emoción.

Había esperado mucho tiempo para aquel momento.

Demasiado tiempo.

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