Todos despreciaron a la humilde empleada doméstica que entró a una joyería con un viejo reloj oxidado… hasta que una poderosa mujer descubrió lo que había dentro y rompió en llanto frente a todos.

La joyería Bellmont Crown brillaba como un pequeño palacio de diamantes en el corazón de la ciudad.

Las vitrinas iluminadas mostraban collares imposibles de pagar, relojes cubiertos de oro y piedras preciosas protegidas por gruesos cristales mientras clientes millonarios caminaban lentamente entre perfumes caros y copas de champagne.

Todo allí respiraba lujo.

Elegancia.

Poder.

Y precisamente por eso… las puertas automáticas llamaron la atención de todos cuando se abrieron bruscamente.

Una mujer entró corriendo completamente agitada.

Llevaba uniforme de empleada doméstica.

Zapatos desgastados.

Y las manos temblando mientras sostenía un viejo reloj oxidado envuelto en un pequeño paño blanco.

Los clientes comenzaron a mirarla inmediatamente con desprecio.

—¿Qué hace alguien así aquí?

—Seguridad debería revisar la entrada.

—Parece una ladrona.

La mujer respiraba con dificultad mientras observaba desesperadamente alrededor.

Parecía haber corrido muchísimo para llegar allí.

Detrás del enorme mostrador principal estaba Isabella Laurent.

Dueña de Bellmont Crown.

Una de las mujeres más poderosas e influyentes de toda la ciudad.

Fría.

Elegante.

Y famosa por no tolerar interrupciones absurdas.

Observó a la empleada doméstica apenas unos segundos antes de hablar con evidente molestia.

—Este lugar no compra objetos usados.

La mujer negó rápidamente.

—No vine a venderlo.

Su voz temblaba.

—Necesito hablar con usted.

Varias personas soltaron pequeñas risas incómodas.

Read More

Add a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *