La joven quedó atrapada sola en una gasolinera de madrugada… pero los hombres en motocicleta ocultaban una verdad que nadie imaginó

La lluvia caía lentamente sobre la carretera vacía.

El reloj marcaba las 2:17 de la madrugada.

No había autos.

No había personas.

Solo una pequeña gasolinera iluminada por luces blancas parpadeantes en medio de la oscuridad.

El viento hacía crujir los viejos letreros mientras una joven permanecía dentro de su automóvil con las manos aferradas al volante.

Se llamaba Clara.

Tenía veinticuatro años.

Y estaba completamente sola.

Su respiración todavía seguía agitada después de conducir durante horas intentando llegar a la ciudad vecina.

Había discutido con su prometido aquella noche.

Una discusión horrible.

Gritos.

Mentiras.

Y finalmente una verdad que le rompió el corazón.

Por eso salió de casa sin pensar demasiado.

Solo quería alejarse.

Pero ahora… el tanque estaba casi vacío.

Y aquella gasolinera parecía el único lugar abierto en kilómetros.

Clara miró alrededor nerviosamente.

Algo en aquel lugar le daba mala sensación.

El empleado dormía detrás del mostrador.

La carretera estaba desierta.

Y el silencio era demasiado pesado.

Entonces ocurrió.

Una camioneta negra apareció lentamente desde la oscuridad.

Entró en la estación haciendo chirriar las ruedas mojadas.

El corazón de Clara se aceleró inmediatamente.

Porque el vehículo no parecía normal.

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