La humillaron arrojándole vino frente a toda la élite… pero una sola frase de Aiyana hizo que el salón entero comenzara a temblar

La mansión Beaumont brillaba sobre la colina como un palacio iluminado.

Miles de luces doradas cubrían el jardín mientras autos de lujo seguían llegando uno tras otro a la enorme entrada principal.

La fiesta privada de Vivianne Beaumont era el evento más exclusivo de la temporada.

Empresarios.

Celebridades.

Políticos.

Todos querían ser vistos allí.

Dentro del enorme salón principal, el sonido de los violines se mezclaba con conversaciones llenas de dinero, negocios y sonrisas falsas cuidadosamente entrenadas para la alta sociedad.

Vestidos brillando bajo enormes candelabros.

Champagne importado.

Perfumes caros flotando en el aire.

Todo parecía perfecto.

Y justamente por eso… Aiyana destacaba tanto.

Ella estaba de pie cerca de una de las terrazas interiores.

Vestido blanco sencillo.

Elegante.

Sin joyas exageradas.

Sin necesidad de llamar la atención.

Pero había algo imposible de ignorar en ella.

La tranquilidad.

La manera en que observaba el salón como si ya hubiera visto demasiadas personas intentando impresionar al mundo.

Y eso molestó inmediatamente a Vivianne.

Porque la anfitriona necesitaba ser el centro absoluto de atención.

Siempre.

Vivianne Beaumont llevaba un vestido rojo cubierto de diamantes que brillaban bajo las luces como si intentaran gritarle al mundo cuánto dinero poseía.

Hermosa.

Cruel.

Y acostumbrada a destruir públicamente a cualquiera que no considerara digno de compartir espacio con ella.

Desde que vio a Aiyana entrar… algo dentro de ella comenzó a arder.

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