La golpearon y la llamaron basura frente a todos… pero cuando el auto negro atravesó el vidrio, el salón descubrió quién era realmente

El salón privado del Club Élysium brillaba bajo luces doradas y enormes candelabros de cristal.

Todo era lujo.

Empresarios riendo alrededor de mesas llenas de whisky caro.

Música suave escondiendo conversaciones llenas de dinero y poder.

Guardias vestidos de negro observando discretamente desde las esquinas mientras mujeres elegantes caminaban entre humo, perfumes caros y copas brillantes.

Era uno de los clubes más exclusivos de la ciudad.

Y aquella noche… todos parecían sentirse intocables.

Excepto ella.

En una esquina cercana al gran ventanal, una joven limpiaba silenciosamente una mesa manchada de vino.

Uniforme gris sencillo.

Cabello recogido.

Mirada baja.

Se llamaba Elena.

Y para todos allí… era invisible.

Solo una empleada más.

Alguien que debía caminar rápido, hablar poco y desaparecer del camino de las personas importantes.

Cerca del centro del salón, un grupo de hombres reía alrededor de una mesa privada.

Entre ellos estaba Ricardo Vallés.

Hijo de un político poderoso.

Arrogante.

Violento.

Acostumbrado a hacer lo que quisiera sin consecuencias.

Y completamente borracho.

Ricardo observó a Elena pasar cerca de su mesa.

Y sonrió con desprecio.

—Oye.

La joven se detuvo inmediatamente.

—¿Sí señor?

El hombre levantó lentamente su copa vacía.

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