Esposaron a una Mujer Embarazada Dentro de un Acuario Privado, Pero Cuando Daniel Intentó Salvarla, Liberaron un Tiburón para Acabar con Ambos

El acuario privado ocupaba todo el ala subterránea de la mansión.

No era una simple pecera decorativa.

Era un enorme túnel de cristal rodeado por miles de toneladas de agua, peces exóticos y depredadores traídos de distintas partes del mundo. Las luces azules atravesaban los paneles y convertían el lugar en un paisaje hermoso.

Pero aquella noche, el túnel parecía una prisión.

Valeria despertó sentada en el suelo.

Tenía siete meses de embarazo.

Una de sus muñecas estaba esposada a la barandilla metálica del pasillo. La otra mano descansaba sobre su vientre.

Le dolía la cabeza.

Intentó recordar cómo había llegado allí.

Lo último que recordaba era una cena familiar en la mansión. Después, una copa de agua que sabía extraño. Una sensación de mareo. Y la voz de una mujer diciéndole que descansara.

Ahora estaba sola.

Frente a ella, el enorme panel de cristal emitió un crujido.

Valeria levantó la cabeza.

Una grieta delgada apareció en una esquina.

Luego otra.

El agua comenzó a filtrarse en pequeños chorros.

—No… —susurró.

Tiró de la esposa.

El metal no cedió.

—¡Ayuda! —gritó con desesperación—. ¡Estoy embarazada!

Su voz rebotó por todo el túnel.

Entonces se encendieron las luces de la sala de control, situada detrás de una pared de cristal en el nivel superior.

Una mujer apareció frente al panel.

Era Claudia.

La hermana mayor de Daniel.

Vestía un elegante traje blanco y observaba a Valeria como si aquello fuera un experimento.

Tenía una mano sobre una palanca marcada con la palabra PRESIÓN.

Valeria la reconoció.

—¿Qué estás haciendo?

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