Encontró a una niña llorando escondida bajo las escaleras… pero lo que ella susurró hizo que entendiera algo aterrador

La tormenta golpeaba violentamente las ventanas de la antigua mansión Blackwood.

El viento hacía crujir las paredes mientras los relámpagos iluminaban por segundos los enormes pasillos vacíos llenos de retratos antiguos y muebles cubiertos de sombras.

La casa parecía respirar oscuridad.

Y aquella noche… algo no estaba bien.

Daniel caminaba lentamente por el segundo piso sosteniendo una linterna entre las manos.

Había llegado esa misma tarde.

Solo.

Después de heredar inesperadamente la mansión de un tío lejano que apenas recordaba.

La propiedad llevaba años abandonada.

O eso le dijeron.

Pero desde que cayó la noche… comenzaron los ruidos.

Pasos suaves.

Puertas moviéndose.

Susurros imposibles de entender.

Daniel intentó convencerse de que era el viento.

La tormenta.

El viejo edificio.

Pero el ambiente se sentía demasiado extraño.

Demasiado vivo.

Entonces escuchó algo.

Muy débil.

Como un pequeño sollozo.

El hombre se detuvo inmediatamente.

La lluvia seguía golpeando los vitrales.

El sonido volvió otra vez.

Alguien estaba llorando.

Daniel siguió lentamente el ruido por el pasillo oscuro.

La linterna temblaba ligeramente entre sus manos.

Y finalmente llegó hasta las viejas escaleras que conducían al sótano.

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