Encerraron a una Embarazada en un Auto para Hundirla en el Lago, Pero Cuando Daniel Saltó a Salvarla, Descubrió que un Bebé También Estaba Atrapado Dentro

La lluvia golpeaba con fuerza la superficie del lago.

Era casi medianoche.

No había nadie alrededor, excepto una vieja carretera que terminaba junto al agua y un automóvil negro que desaparecía lentamente bajo la superficie.

Dentro del vehículo estaba Valeria.

Tenía siete meses de embarazo.

Sus muñecas estaban atadas con bridas de plástico.

Los tobillos sujetos al asiento trasero.

El agua ya cubría el piso del automóvil.

Cada segundo subía más.

Valeria luchó desesperadamente por romper las ataduras.

Fue inútil.

Apoyó ambas manos sobre su vientre.

—Aguanta, mi amor… mamá va a sacarte de aquí.

El agua alcanzó su cintura.

Intentó abrir la puerta.

La presión del lago la mantenía completamente bloqueada.

Golpeó la ventana con los pies.

Nada.

Entonces levantó la vista.

A través del cristal vio una figura inmóvil en la orilla.

Teresa.

Su suegra.

Vestía un impermeable oscuro.

En una mano sostenía las llaves del automóvil.

En la otra, una gruesa cadena de acero unida al chasis del vehículo y anclada a un viejo torno mecánico.

La observaba sin mostrar ninguna emoción.

Valeria golpeó el cristal.

—¡Por favor!

Teresa habló con una tranquilidad aterradora.

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