La fiesta de aniversario se celebraba junto a la piscina de la mansión.
Los invitados reían, brindaban y escuchaban música sin imaginar que, a pocos metros de ellos, alguien estaba a punto de cometer un asesinato.
Valeria tenía ocho meses de embarazo.
Había salido unos minutos al jardín para tomar aire.
Una mano descansaba sobre su vientre mientras caminaba lentamente junto al borde de la piscina.
No vio a Teresa acercarse por detrás.
Su suegra sonrió.
—Nunca debiste traer a ese bebé a esta familia.
Antes de que Valeria pudiera reaccionar, sintió un fuerte empujón.
Su cuerpo cayó al agua.
El impacto le quitó el aire de los pulmones.
Intentó nadar hacia la superficie.
No pudo.
Sus muñecas estaban atadas con una brida de plástico.
Y una gruesa cadena sujetaba su tobillo derecho a una estatua de mármol colocada en el fondo de la piscina.
El pánico la invadió.
Se retorció desesperadamente.
La cadena apenas le permitía moverse unos centímetros.
Las burbujas escapaban de su boca.
Protegió instintivamente su vientre.
En la orilla, Teresa observaba con absoluta tranquilidad.
En una mano sostenía una pequeña llave plateada.
Era la única que abría el candado de la cadena.
Miró a Valeria hundiéndose lentamente.
—Todo parecerá un accidente.
En ese instante, un grito rompió la música.
Daniel acababa de llegar al jardín.
Vio las burbujas.
Vio la mano de su esposa desaparecer bajo el agua.
Sin pensarlo dos veces, se lanzó a la piscina.
Nadó con todas sus fuerzas.
Llegó hasta el fondo y encontró a Valeria luchando por respirar.
Intentó romper la cadena.
Era imposible.
Buscó el candado.
Necesitaba la llave.
Subió rápidamente a la superficie.
—¡Mamá!
¡Dame la llave!
Teresa lo miró sin pestañear.
Después abrió lentamente la mano.
La pequeña llave brilló bajo las luces del jardín.
Daniel dio un paso hacia el borde.
—¡Por favor!
Ella sonrió.
—Todavía puedes salvarte.
Solo déjala.
Daniel negó con la cabeza.
—Jamás.
Teresa lanzó la llave.
Pero no hacia él.
La dejó caer directamente dentro del desagüe principal de la piscina.
La pieza metálica desapareció con un pequeño sonido.
Daniel quedó inmóvil.
—No…
Teresa dio media vuelta y caminó hacia el panel de control.
Levantó una cubierta de seguridad.
Debajo había un botón rojo.
Lo presionó.
Un fuerte motor comenzó a funcionar.
La enorme cubierta automática de la piscina empezó a deslizarse lentamente sobre el agua.
Los invitados comenzaron a gritar.
Algunos intentaron correr hacia el panel.
Dos hombres contratados por Teresa bloquearon el paso.
Daniel comprendió inmediatamente.
Cuando la cubierta terminara de cerrarse…
Ya no habría forma de salir.
Volvió a sumergirse.
Encontró a Valeria casi inmóvil.
Sus movimientos eran cada vez más lentos.
La abrazó.
Le sostuvo el rostro.
—¡No cierres los ojos!
Ella apenas podía verlo.
El agua nublaba su visión.
Una lágrima se mezcló con las burbujas.
Daniel apoyó una mano sobre su vientre.
—Piensa en nuestro bebé.
Resiste.
Yo voy a sacarlos.
Intentó arrancar la cadena del pedestal.
No se movió.
Buscó algún punto débil.
Nada.
La estatua estaba anclada al hormigón.
Subió otra vez por aire.
La cubierta ya había cerrado más de la mitad de la piscina.
Solo quedaba una abertura estrecha por donde entraba la luz.
Los bomberos aún no habían llegado.
Los invitados golpeaban desesperadamente la cubierta desde fuera.
Era demasiado resistente.
Daniel respiró profundamente.
Se lanzó una vez más al fondo.
Valeria ya apenas reaccionaba.
El monitor fetal que llevaba para controlar el embarazo emitía una tenue luz intermitente.
Daniel tomó el pequeño dispositivo.
Tenía una punta metálica para conectar los sensores.
La utilizó como ganzúa.
Intentó abrir el candado.
Una vez.
Dos.
Tres.
No funcionó.
Entonces escuchó un leve clic.
Miró el candado.
No provenía de allí.
La cadena estaba unida a la estatua mediante un enorme perno de seguridad.
Y ese perno comenzaba a aflojarse.
Alguien golpeaba desde el otro lado del pedestal.
Daniel frunció el ceño.
Una figura apareció entre el agua turbia.
Era Elena.
La vieja sirvienta.
Había encontrado una barra metálica y estaba intentando arrancar el anclaje desde el lado opuesto.
Aunque apenas podía contener la respiración, siguió golpeando una y otra vez.
El perno cedió unos milímetros.
Daniel comprendió.
Los dos comenzaron a tirar al mismo tiempo.
Otro golpe.
Otro más.
El metal crujió.
La base de la estatua empezó a desprenderse.
Arriba, la cubierta seguía avanzando.
La abertura era ya tan pequeña que apenas dejaba pasar un hilo de aire.
Teresa observó el cierre con una sonrisa.
—Se acabó.
Pero justo cuando la cubierta estaba a punto de cerrarse por completo…
Un estruendo sacudió el jardín.
Un camión de bomberos atravesó la verja principal.
Los rescatistas desplegaron herramientas hidráulicas.
Comenzaron a levantar la cubierta desde un extremo.
Dentro del agua, Daniel dio el último tirón.
El anclaje se rompió.
La cadena quedó libre.
Tomó a Valeria entre sus brazos y comenzó a subir.
Elena los seguía muy de cerca.
Los tres nadaban desesperadamente hacia la única abertura que quedaba.
Pero la cubierta continuó cerrándose.
Cada segundo era más pequeña.
Daniel empujó primero a Valeria.
Luego alzó su cabeza fuera del agua.
Ella tosió violentamente.
El bebé seguía moviéndose.
Los bomberos la sujetaron y comenzaron a sacarla.
Después intentaron alcanzar a Daniel.
Pero en ese instante la estatua, todavía unida a un tramo de cadena, se deslizó por el fondo.
La cadena se tensó de nuevo.
Se enredó alrededor de la pierna de Daniel.
Lo arrastró hacia abajo.
Valeria gritó.
—¡Daniel!
Él intentó liberarse.
No pudo.
Los bomberos extendieron las manos.
Solo unos centímetros los separaban.
La cubierta terminó de cerrarse.
Todo quedó completamente oscuro bajo el agua.
Los rescatistas comenzaron a cortar el techo con sierras hidráulicas.
Valeria abrazó su vientre mientras lloraba sin poder apartar la vista de la piscina.
Entonces…
Desde debajo de la cubierta se escuchó un fuerte golpe.
Después otro.
Y otro más.
Uno de los bomberos levantó la cabeza.
—Hay alguien golpeando desde abajo.
Comenzaron a cortar más rápido.
Pero nadie sabía si era Daniel…
O alguien más atrapado en el fondo de la piscina.