El director gritaba como si fuera dueño de todo… hasta que el hombre de gris sacó algo que lo silenció en segundos

El director perdió el control…

En segundos.

Nadie vio venir el momento exacto en que ocurrió.

Solo… pasó.

Un golpe seco.

El portátil voló de sus manos y se estrelló contra el suelo.

El sonido rompió el aire como un disparo.

Pantalla rota.

Silencio inmediato.

Nadie se movió.

Nadie respiró con normalidad.

Porque todos sabían…

Ese no era un simple arranque de ira.

Era algo más.

—¿Esto es una broma? —gritó.

Su voz llenó la sala.

Dura.

Autoritaria.

Acostumbrada a no ser cuestionada.

Sus ojos recorrían la mesa.

Uno por uno.

Buscando culpables.

O víctimas.

Porque en ese momento…

Era lo mismo.

Nadie se atrevió a mirarlo directamente.

Las miradas caían.

Las manos se tensaban.

Los cuerpos se encogían ligeramente.

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