Derramó champán sobre una heredera en silla de ruedas delante de toda la galería… y segundos después deseó no haberlo hecho

La Galería Imperial de Arte era uno de los lugares más exclusivos de la ciudad.

Aquella noche, sus enormes salones estaban iluminados por lámparas de cristal y focos cuidadosamente colocados para resaltar cada obra expuesta.

Pinturas valoradas en millones.

Esculturas únicas.

Coleccionistas internacionales.

Empresarios.

Magnates.

Y algunas de las personas más poderosas del país caminaban entre las exhibiciones sosteniendo copas de champán.

Todo era lujo.

Todo era elegancia.

Todo era apariencia.

Y entre aquella multitud se encontraba una joven mujer llamada Victoria Hale.

Veintisiete años.

Cabello oscuro perfectamente peinado.

Vestido azul marino confeccionado por una de las casas de moda más exclusivas del mundo.

Y una silla de ruedas de diseño tan sofisticado que apenas llamaba la atención.

Muchos la observaban.

Algunos con curiosidad.

Otros con admiración.

Pero la mayoría simplemente asumía que era una invitada más.

Nadie imaginaba quién era realmente.

Nadie imaginaba que aquella joven era la única heredera de uno de los mayores imperios financieros del continente.

Y a Victoria le gustaba que fuera así.

Porque estaba cansada de las personas que se acercaban únicamente por dinero.

Cansada de las falsas sonrisas.

Cansada de los intereses ocultos.

Aquella noche solo quería disfrutar del arte.

Nada más.

Mientras observaba una pintura renacentista particularmente rara, una mujer la observaba desde el otro lado del salón.

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