Ataron a una Mujer Embarazada Sobre las Vías, Pero Cuando Daniel Intentó Salvarla, una Revelación Sobre el Verdadero Padre lo Dejó Paralizado

Valeria despertó con un dolor insoportable en la cabeza.

La lluvia caía sobre su rostro.

Intentó levantarse.

No pudo.

Sus muñecas estaban atadas detrás de la espalda.

Sus tobillos sujetos firmemente a los rieles de una antigua vía ferroviaria.

Tenía siete meses de embarazo.

El frío del acero atravesaba su cuerpo.

Miró desesperadamente a su alrededor.

No había nadie.

Solo montañas, árboles y kilómetros de vías perdidas entre la niebla.

Entonces sintió algo.

Una vibración.

Muy débil al principio.

Después cada vez más fuerte.

Levantó lentamente la cabeza.

A lo lejos aparecieron dos luces.

El silbato de un tren rompió el silencio.

El convoy avanzaba directamente hacia ella.

Valeria comenzó a llorar.

Intentó romper las cuerdas.

La piel de sus muñecas empezó a sangrar.

Todo fue inútil.

Protegió instintivamente su vientre.

—¡Ayuda! ¡Salven a mi bebé!

Su grito se perdió entre el viento.

En lo alto de una colina cercana, una mujer observaba la escena con unos prismáticos.

Vestía un elegante abrigo negro.

En una mano sostenía un pequeño control remoto conectado al sistema de señales ferroviarias.

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