Ataron a una Mujer Embarazada Dentro de un Contenedor para Arrojarla al Mar, Pero Cuando Daniel Intentó Salvarla, Descubrió que Había Otra Víctima Oculta

El puerto estaba casi vacío aquella noche.

La lluvia golpeaba los contenedores apilados junto al mar, mientras las enormes grúas se movían lentamente sobre el muelle como gigantes de acero.

A lo lejos se escuchaban las bocinas de los barcos.

Pero dentro de uno de los contenedores nadie podía oír los gritos de Valeria.

Tenía siete meses de embarazo.

Sus muñecas estaban atadas detrás de la espalda y sus tobillos sujetos con una cuerda gruesa. Estaba sentada sobre el suelo metálico, rodeada de cajas vacías y manchas de agua.

El contenedor se balanceaba en el aire.

Una grúa acababa de levantarlo.

Valeria sintió que el suelo se inclinaba bajo su cuerpo.

Intentó incorporarse, pero las manos atadas se lo impedían.

—¡Ayuda! —gritó con todas sus fuerzas—. ¡Estoy embarazada!

Su voz rebotó contra las paredes de metal.

Nadie respondió.

A través de una pequeña abertura en la puerta podía ver las luces del puerto alejándose mientras el contenedor avanzaba suspendido sobre el muelle.

Debajo estaba el mar.

Negro.

Profundo.

Helado.

Valeria sintió que su bebé se movía dentro de su vientre.

Apoyó la frente contra el suelo y trató de no entrar en pánico.

—Aguanta, mi amor —susurró—. Mamá está aquí.

Horas antes, Valeria había recibido una llamada desde un número desconocido.

Una mujer le aseguró que tenía documentos que probaban que alguien de la familia de Daniel estaba manipulando las propiedades destinadas a su futuro hijo.

La citó en una oficina privada del puerto.

Valeria no quería ir sola.

Pero la mujer dijo que abandonaría el país esa misma noche y que era su única oportunidad.

Al llegar, encontró la oficina vacía.

Después sintió un golpe en la nuca.

Cuando recuperó la conciencia, ya estaba dentro del contenedor.

Read More

Add a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *