Ella humilló a un hombre “sin dinero” delante de toda la fiesta… hasta que el dueño del evento apareció y lo saludó con el mayor respeto frente a todos.


La música elegante llenaba el enorme salón mientras las luces doradas se reflejaban sobre copas de champagne y vestidos de diseñador.

Era una de las fiestas empresariales más exclusivas del año.

Solo personas influyentes habían sido invitadas.

Políticos.

Celebridades.

Empresarios multimillonarios.

Y en medio de aquel lujo exagerado, Giulia Romano caminaba como si el lugar le perteneciera.

Hermosa, arrogante y acostumbrada a ser el centro de atención, saludaba invitados con una sonrisa calculada mientras disfrutaba cada mirada de admiración.

Hasta que lo vio.

Marco.

Sentado tranquilamente cerca de una de las terrazas del salón.

Llevaba un traje oscuro sencillo, sin joyas llamativas ni relojes costosos. A diferencia de todos los demás hombres presentes, no parecía interesado en impresionar a nadie.

Y eso hizo que Giulia sonriera con desprecio.

Porque ella lo conocía.

O al menos creía conocerlo.

Meses atrás habían salido algunas veces. Marco siempre fue amable, inteligente y sorprendentemente tranquilo. Pero había algo que Giulia nunca soportó de él: su aparente falta de ambición.

Nunca hablaba de dinero.

Nunca presumía contactos.

Nunca intentaba demostrar poder.

Para Giulia, eso significaba una sola cosa.

Fracaso.

Se acercó lentamente acompañada por dos amigas.

—Vaya… no sabía que dejaban entrar a cualquiera aquí.

Sus amigas soltaron pequeñas risas.

Marco levantó la mirada con calma.

—Buenas noches, Giulia.

Ella cruzó los brazos.

—¿De verdad te invitaron? Pensé que este tipo de eventos eran solo para personas importantes.

Algunas personas cercanas comenzaron a observar discretamente.

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