Ella lo expulsó del salón frente a todos creyendo que era un don nadie… pero cuando hicieron una reverencia ante él, el mundo dejó de respirar

El salón imperial del Hotel Beaumont brillaba bajo enormes lámparas de cristal.

Todo era lujo.

Mesas cubiertas de flores blancas.

Violines sonando suavemente cerca del escenario principal.

Empresarios, celebridades y políticos caminaban entre copas de champagne y conversaciones llenas de dinero y poder.

Era la gala más importante de la ciudad.

Solo personas influyentes habían sido invitadas.

Y aquella noche… todos querían acercarse a Valentina Rousseau.

Vestido dorado.

Diamantes alrededor del cuello.

Sonrisa perfecta.

La mujer más admirada del evento.

Heredera de una familia poderosa y futura directora del grupo financiero más importante del país.

Acostumbrada a controlar cualquier habitación con una sola mirada.

Y justo frente a ella… estaba él.

Un hombre vestido con traje oscuro sencillo.

Sin reloj caro.

Sin escoltas.

Sin necesidad de llamar la atención.

Parecía completamente fuera de lugar entre tanta riqueza.

Se llamaba Gabriel.

Y llevaba varios minutos observando tranquilamente el salón desde una esquina.

Eso fue suficiente para incomodar a Valentina.

Porque las personas arrogantes suelen sentirse amenazadas por quien no busca impresionarlas.

Uno de los empresarios se inclinó discretamente hacia ella.

—¿Lo conoces?

Valentina observó a Gabriel unos segundos.

Y luego sonrió con desprecio.

—No. Pero claramente alguien cometió un error dejándolo entrar.

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