Una mujer fue humillada con vino frente a toda la élite… hasta que levantó la mirada y reveló una verdad que destruyó la fiesta por completo: “Esta casa me pertenece.”

La mansión Moreau brillaba sobre la colina más exclusiva de la ciudad como un palacio construido únicamente para ricos.

Arañas de cristal.

Escaleras de mármol blanco.

Música clásica flotando entre conversaciones llenas de arrogancia y champagne francés.

Aquella noche, la élite celebraba la gala anual de los Moreau.

Empresarios.

Políticos.

Celebridades.

Todos sonreían bajo las luces doradas mientras fingían elegancia y perfección.

Y en el centro de todo estaba Vivianne Laurent.

Hermosa.

Poderosa.

Cruelmente consciente de que todos la admiraban.

Llevaba un vestido negro cubierto de diamantes y caminaba por el salón como si fuera la verdadera reina de la mansión.

A unos metros de ella estaba Aiyana.

Vestido blanco sencillo.

Cabello recogido.

Sin joyas extravagantes.

Demasiado tranquila para un lugar lleno de personas desesperadas por aparentar poder.

Precisamente por eso llamaba la atención.

Porque mientras todos intentaban impresionar…

Ella parecía completamente indiferente.

Vivianne la observó durante varios minutos con creciente molestia.

—¿Quién invitó a esa mujer?

Una amiga soltó una pequeña risa.

—Tal vez trabaja aquí.

Vivianne sonrió lentamente.

Y eso nunca era buena señal.

Porque disfrutaba humillar personas frente a la multitud.

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