Enterraron Viva a una Mujer Embarazada en un Ataúd de Cristal, Pero Cuando Daniel Intentó Salvarla, su Suegra Quiso Sepultarlos a los Dos

La lluvia caía sin descanso sobre el viejo cementerio.

En una esquina, lejos de las tumbas principales, una excavadora trabajaba bajo la oscuridad de la noche.

El enorme brazo mecánico levantaba tierra una y otra vez.

Dentro de una fosa recién abierta había un ataúd de cristal.

Y dentro del ataúd estaba Valeria.

Tenía ocho meses de embarazo.

Sus muñecas estaban atadas y el aire comenzaba a agotarse.

Golpeó desesperadamente el cristal.

—¡Por favor! ¡Mi bebé!

Encima de la fosa, Teresa observaba desde la cabina de la excavadora.

Empujó otra pala de tierra sobre el ataúd.

La luz que atravesaba el cristal comenzó a desaparecer.

—Hoy tu secreto será enterrado contigo.

Valeria apenas podía respirar.

Cada nueva capa de tierra hacía más pesado el ataúd.

El cristal crujía bajo la presión.

Horas antes, Teresa le había dicho que Daniel había sufrido un grave accidente y que necesitaba verla en un cementerio donde se encontraba la tumba de su padre.

Cuando Valeria llegó, varios hombres la inmovilizaron.

La encerraron dentro del ataúd de cristal.

Y comenzaron a enterrarla viva.

Teresa quería que todo pareciera un extraño accidente durante un traslado funerario.

Nadie sospecharía que una mujer embarazada había sido sepultada con vida.

Dentro del ataúd, Valeria seguía golpeando.

Las lágrimas corrían por su rostro.

Una mano protegía su vientre.

La otra golpeaba el cristal hasta hacerlo sangrar.

—¡Mi bebé no puede respirar!

Entonces, a lo lejos, se escuchó el rugido de un motor.

Un todoterreno atravesó violentamente la reja del cementerio.

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