La Embarazada Quedó Colgando del Balcón… Pero Cuando Daniel Cortó la Cortina, Reveló que También Quería Matar a su Propio Bebé

La fiesta familiar se celebraba en el segundo piso de la mansión.

Las puertas del gran balcón permanecían abiertas y una brisa suave movía las cortinas blancas. Desde allí podía verse todo el jardín iluminado, la piscina y las fuentes de piedra.

Valeria salió unos minutos para respirar.

Tenía ocho meses de embarazo.

El vestido le apretaba ligeramente el vientre y las conversaciones del interior comenzaban a agobiarla. Apoyó una mano sobre la barandilla y miró hacia el jardín.

No sabía que alguien había aflojado todos los tornillos unas horas antes.

Cuando dio un paso más, la estructura metálica se desprendió de la pared.

Valeria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Soltó un grito.

Su cuerpo cayó hacia el vacío, pero consiguió sujetarse de una de las largas cortinas del balcón.

La tela se tensó violentamente.

Quedó suspendida desde el segundo piso, balanceándose sobre el patio de piedra.

Una mano agarraba la cortina.

La otra protegía desesperadamente su vientre.

—¡Ayuda! ¡Mi bebé!

El ruido de la música cubrió sus primeros gritos.

La cortina comenzó a rasgarse lentamente.

Valeria miró hacia abajo.

La caída podía matarla.

O hacer que perdiera al bebé.

Intentó subir, pero el peso de su cuerpo tiraba de la tela cada vez con más fuerza.

Entonces Elena, la vieja sirvienta de la familia, entró en el balcón llevando una bandeja.

Al ver la barandilla destruida, dejó caer todo.

—¡Señora Valeria!

Corrió hacia el borde.

Se tendió completamente sobre el suelo y estiró ambos brazos.

—¡Deme la mano!

Valeria intentó alcanzarla.

Sus dedos quedaron a unos centímetros.

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